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El deseo y el objetivo en la impro teatral: la flecha que guía la historia

  • Foto del escritor: Franco Maestrini
    Franco Maestrini
  • 29 may
  • 4 min de lectura
El deseo y el objetivo en la impro. Mujer lanzando flecha a una diana

Cuando empezamos a improvisar, una de las primeras herramientas que aprendemos es el famoso PROL: personaje, relación, objetivo y lugar.

Parece simple. Casi una receta: pon un personaje, mezcla con una relación, agrega un objetivo, ubica todo en un lugar y listo.

Pero después entramos a escena y nos damos cuenta de que no siempre es tan fácil. El personaje aparece medio borroso, la relación se va construyendo mientras hablamos y el lugar a veces tarda en llegar. De pronto estamos en una oficina, después se va desvaneciendo el lugar y al final era la cocina de una abuela.


Pero hay algo que suele aparecer rápido y tiene mucha fuerza: el objetivo.

El personaje quiere algo. Necesita algo. Va hacia algún lado.

Y eso ya pone la escena en movimiento.

Porque una escena sin objetivo puede convertirse en una charla amable, pero en impro necesitamos que algo empuje un poco más.


El objetivo se ve, el deseo empuja

El objetivo es lo que el personaje intenta conseguir.

El deseo es la fuerza que lo mueve por dentro.

No siempre se dice. No siempre está claro desde el principio. A veces el personaje cree que quiere una cosa, pero en el camino descubre otra. Y eso es muy humano, porque a nosotros también nos pasa: creemos que vamos detrás de algo concreto y, cuando lo alcanzamos, descubrimos que debajo había otra necesidad.

En impro, esto es fundamental.

Porque el objetivo le da dirección a la escena, pero el deseo le da profundidad. Hace que el personaje no sea solamente alguien haciendo cosas, sino alguien a quien le pasa algo mientras intenta conseguir eso que quiere.

Y cuando al personaje le pasa algo, el público se engancha.

No seguimos una historia solo para ver si alguien llega o no llega. La seguimos porque queremos saber qué descubre en el camino, qué se le rompe, qué aprende, qué parte de sí mismo aparece cuando las cosas se complican.


El deseo y el objetivo en el Camino del Héroe

Cuando trabajamos historias más largas, como el Camino del Héroe, el deseo se vuelve una brújula.

Al principio vemos al protagonista en su rutina. Su mundo cotidiano. Sus relaciones. Sus costumbres. Sus pequeñas maneras de evitar lo que le duele.

Y ahí, antes de que pase “lo importante”, ya está la historia.

Porque en esa rutina aparece lo que le falta. Eso que todavía no dice, pero que se nota. El deseo y el objetivo ya aclarados nos llevarán a ....una incomodidad, una necesidad, una grieta pequeña.

Después llega el acontecimiento. Algo rompe el equilibrio: una noticia, una pérdida, una oportunidad, una llegada inesperada. Algo que se opone a ese deseo.El personaje ya no puede seguir igual.

Entonces empieza el camino.

Y, claro, aparecen los obstáculos. Porque si el personaje quisiera algo y lo consiguiera sin dificultad, no tendríamos una historia. Tendríamos un trámite.

Los obstáculos desvían al personaje de su objetivo, pero también lo revelan. Nos muestran cuánto le importa eso que busca. Nos muestran qué hace cuando le dicen que no, cuando se equivoca, cuando tiene miedo, cuando tiene que elegir entre un camino malo y otro peor.

Ahí el deseo se pone a prueba.


No pierdas la diana 🎯

Piensalo como una flecha que quiere llegar al centro de una diana.

El objetivo marca hacia dónde va.

El deseo es la fuerza que mantiene viva esa dirección, incluso cuando el camino se llena de curvas. El deseo se llena de ACCIONES hacia él.

En una historia larga, el personaje puede cambiar. De hecho, debería cambiar. Tal vez al final consiga lo que quería y descubra que no era eso lo que necesitaba. Tal vez no lo consiga, pero aprenda algo más importante.

Pero una cosa es que el deseo se transforme y otra muy distinta es olvidarlo.

En impro pasa: empezamos con una fuerza clara, aparece un chiste, entra otro personaje, cambiamos de lugar, surge una idea nueva y, de pronto, ya no sabemos hacia dónde íbamos. La escena puede seguir siendo divertida, pero perdió el centro.

Por eso el deseo es tan importante.

No para volvernos rígidos, sino para tener una brújula. Para poder jugar, desviarnos, aceptar propuestas, sumar obstáculos y aún así sentir que la historia va hacia algún lugar.


También sirve fuera de escena

Esto no se queda solo en el escenario.

Cuando contamos una anécdota, damos una clase, presentamos un trabajo o hablamos frente a un público, también necesitamos saber cuál es nuestra diana.

Si no tenemos claro el objetivo, nos vamos por las ramas.

Tener claro el objetivo nos ayuda a volver.

Y tener claro el deseo nos recuerda por qué estamos diciendo eso. Qué queremos compartir. Qué queremos que la otra persona entienda, sienta o se lleve.

Como en la impro, no se trata de controlar todo. Se trata de saber qué nos mueve.


Conclusión

El deseo y el objetivo son parecidos pero diferentes.

En improvisación teatral, el objetivo nos ayuda a empezar.

El deseo nos ayuda a sostener el viaje.


  • El objetivo es la dirección.El deseo es el motor.


Por eso, cuando estés improvisando, no te preguntes solamente qué quiere conseguir tu personaje. Escucha un poco más abajo. Pregúntate qué hay detrás de eso. Qué necesidad aparece. Qué le importa tanto como para seguir intentándolo cuando todo se complica.

Porque cuando el deseo está vivo, el público lo siente.

Y aunque la escena se desvíe, aunque aparezcan obstáculos, aunque alguien entre diciendo que todo ocurre ahora en una panadería intergaláctica, hay algo que nos sigue guiando.

Una flecha.Una diana.Un personaje intentando llegar a eso que desea.


Para más ejercicios y talleres sobre improvisación, visita www.francomaestrini.com o Escuela de Impro de Barcelona. ¡Nos vemos en el escenario! 🎭

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