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Bufón en improvisación teatral: apagar el guionista y encender el monstruo

Bufón en impro

Acostumbrados a improvisar un guión, cuando abordamos el lenguaje del bufón, la pata dramatúrgica hace cortocircuito.

Hay un momento muy reconocible.

Entramos con energía, con ganas, con un tema buenísimo… y con un semi guion a desarrollar pero la burla no aparece el bufón se diluye, la escena se cae.

Porque el bufón en improvisación teatral no es un personaje con peluca y brazo menos..

El bufón no se actúa: se encarna. Y para encarnarlo hay que cruzar un portal que no está en el vestuario, sino en el cuerpo. Y la valentía nuevamente de saltar al vacío, a los desconocido.

En este post vamos a entrenar el bufón en improvisación teatral desde el cuerpo, no desde la cabeza.


Hay que apagar el guionista y encender el monstruo para poder encarnar el bufón.


¿Por qué a los improvisadores nos cuesta cruzar al bufón?

Si vienes de impro narrativa, es normal: has entrenado un músculo precioso… pero muy cerebral.

  • Pensar estructura

  • Resolver escenas

  • Explicar rápido

  • Hacer que “tenga sentido”


Y el bufón funciona al revés.

El guionista quiere salvarte con orden. El bufón no viene a salvarte: viene a delatar el delirio del mundo… jugando.

Apagar el guionista no es “dejar de pensar para siempre”. Es dejar de pensar primero.

Porque si piensas primero, vuelves a tu idioma cómodo. Y el bufón habla otro idioma: cuerpo + impulso + hambre.


El bufón en improvisación teatral no es un disfraz

Te ponés nariz, peluca, lentejuelas, un tocado digno de carnaval en Río…pero si tu cuerpo sigue igual que siempre, tu cabeza sigue igual que siempre.

Y si tu cabeza sigue igual que siempre… va a hacer lo que sabe hacer: resolver, explicar, ordenar, contar.

La deformación es otra cosa. Es un cambio de centro. Un cambio de especie.

Una panza imaginaria. Una joroba. Un cuello adelantado. Rodillas blandas. Mandíbula suelta.

Y de golpe el mundo se ve diferente.

No es estética. Es un interruptor que se ACTIVA.

Cuando el cuerpo cambia, aparece un idioma nuevo. Y con ese idioma nuevo… aparece el monstruo.


El monstruo y el parásito: hambre escénica para sostener la escena

A mí me gusta pensarlo así: en el bufón hay un parásito lúdico. Una cosa hambrienta. No mala: hambrienta.

El guionista pregunta:—“¿Qué pasa después?”

El parásito pregunta:—“¿De qué me voy a alimentar hoy?”

¿Y de qué se alimenta?

De denuncia. De ese punto donde la risa deja de ser “qué gracioso” y se vuelve: “uff… sí…”

Pero ojo: no es editorial. No es sermón. Primero el monstruo. Después la frase.

Cuando ese parásito pulsa, la escena deja de ser corta (miedo de la pata guionista). Porque ya no estás inventando una idea: estás sosteniendo una necesidad.


Reglas para activar el bufón en impro

El portal no se cruza con inteligencia: se cruza con reglas

Si quieres que aparezca el bufón en impro, prueba estas reglas simples:

1) Prohibe la frase inteligente al inicio

El primer minuto es cuerpo, sonido, mirada, impulso. Si hablás demasiado pronto, vuelve el guionista con la super idea.

2) Elige acción, no concepto

Antes de “avaricia”, acciona acumular. Antes de “soberbia”, acciona marcar territorio. Antes de “control”, acciona ordenar como si el mundo fuera tuyo.

3) Repite un gatillo

Un gesto que te encienda: señalada, olfateo, risa, jadeo, lengua, pelvis, lo que sea. Lo repites. Lo haces crecer. Siente el placer. Ahí el monstruo se instala.

Y cuando el monstruo se instala… la denuncia llega sola. No porque la pienses. Porque la pide el cuerpo.


Mini-ejercicio (90 segundos) para encender al bufón

“Un gesto, una deformación, una presa”

  • 10 segundos: elegí una deformación (panza / joroba / cuello / piernas).

  • 20 segundos: encontrá un gesto-gatillo y repetilo sin parar.

  • 30 segundos: elegí una presa (institución o rol): “el banco”, “la iglesia”, “el influencer moral”, “el gurú”, “la familia perfecta”. Sin hablar. Solo cuerpo.

  • 30 segundos: ahora sí: una única frase de denuncia. Una sola. Y vuelvés al gesto.

Si después de eso tu impro dura poco, no es que falte tema: falta hambre, deja que el parásito se despierte. El bufón, se enciende en el cuerpo.


Cierre: el bufón no vino a ser simpático. Vino a ser necesario.

El bufón en improvisación teatral no entra para caer bien. Ni a ti. Es un lenguaje que te sacará de tu zona de confort pero si atraviezas el portal, tus herramientas se multiplicarán por mil.

Y la impro lo ama, porque es el único lugar donde puedes hacer crítica social… jugando.

Cuando encarnas el bufón en improvisación teatral, la crítica aparece sola: el cuerpo la pide.


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