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El poder del LUGAR en la Improvisación 🌍🎭

Foto del escritor: Franco Maestrini
Franco Maestrini
19 ene 2025
3 min de lectura

Actualizado: 15 oct


el lugar en la improvisación


Hay algo maravilloso en la improvisación teatral: podemos subir a un escenario completamente vacío y, unos segundos después, estar en la cocina de un restaurante, en la cubierta de un barco pirata o en la sala de espera de un dentista.


El lugar en la improvisación es uno de esos elementos que muchas veces damos por sentado, pero que pueden transformar por completo una escena. Forma parte del P.R.O.L. básico para la creación de una escena. No se trata solamente de saber dónde estamos, sino de descubrir qué posibilidades nos ofrece ese espacio para construir una historia.

Porque una cosa es decir que estamos en un hospital y otra muy distinta es intentar mantener una conversación mientras empujamos una camilla imaginaria por un pasillo lleno de gente.

Ahí empieza a aparecer el teatro.🏖️🏥


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La Importancia del Espacio - el lugar en la improvisación

El lugar no es un decorado, es parte de la historia

Cuando comenzamos una improvisación, definir el espacio nos ayuda a encontrar algo fundamental: seguridad para jugar.

Si sabemos dónde estamos, podemos relacionarnos con nuestro entorno, realizar acciones y descubrir situaciones que quizás no habríamos imaginado sentados en una silla pensando qué decir.

Imaginemos dos personajes discutiendo porque uno le debe dinero al otro.

La conversación puede ser interesante. Pero ahora traslademos esa misma discusión a una biblioteca donde está prohibido hablar.

De repente, los personajes tienen que susurrar, contener sus emociones y evitar que los expulsen. El lugar empieza a intervenir en la historia.

Y eso es lo que me interesa trabajar en las clases: que el espacio no sea solamente un fondo, sino una fuente de posibilidades para la improvisación.



Cómo construir un espacio imaginario en el escenario

En improvisación teatral no necesitamos tener una puerta para abrirla. Pero sí necesitamos saber dónde está.

Nuestro cuerpo, los gestos, las miradas y las acciones concretas permiten construir espacios que el público puede imaginar perfectamente.

Si preparo un café, puedo tomar una taza, servir el líquido, sentir que está caliente y dejarla sobre una mesa.

No hace falta explicar que estoy en una cafetería. Mis acciones ya están contando algo.

Y aquí aparece un detalle importante: la precisión de nuestras acciones hace creíble el espacio imaginario.

Si dejamos una taza sobre la mesa, esa taza sigue estando allí. No podemos atravesarla alegremente dos segundos después, salvo que estemos improvisando una historia sobre fantasmas. Y aun así, habría que ponerse de acuerdo.


El espacio se construye entre todos

Una de las cosas más bonitas de la impro es que nadie tiene que construirlo todo.

Un improvisador abre una puerta imaginaria. Otro entra y deja un abrigo en un perchero. Un tercero aparece cargando una caja enorme.

Sin necesidad de explicaciones, entre todos estamos creando un lugar.

Pero para que funcione necesitamos algo esencial: escuchar, observar y aceptar las propuestas de nuestros compañeros.

Si alguien ha colocado una mesa en el centro del escenario, esa mesa existe para todos.

Respetar el espacio que construyen los demás es también una manera de respetar sus ideas.

Y cuando eso sucede, aparece una sensación maravillosa: dejamos de ser personas inventando cosas por separado y empezamos a habitar un mismo mundo.


Cuando el lugar empieza a contar la historia

En mis clases de improvisación suelo insistir en algo: no necesitamos correr detrás de una idea brillante para que aparezca una buena historia.

A veces basta con observar lo que ya tenemos.

Un lugar puede sugerir una profesión, una relación, un conflicto, un recuerdo o una emoción. Incluso puede convertirse en un obstáculo para los personajes.

Un ascensor detenido puede obligar a dos desconocidos a conocerse. Una casa vacía puede despertar recuerdos. Una estación de tren puede ser el escenario de una despedida que nadie se anima a terminar.

El lugar no cuenta la historia por nosotros, pero puede ayudarnos a descubrirla.

Y esa es una de las grandes posibilidades de la improvisación teatral: aprender a mirar lo cotidiano con otros ojos.


A veces alcanza con una puerta imaginaria y alguien que se anime a abrirla.

¿Y tú? ¿En qué lugar comenzarías tu próxima improvisación? 🎭 🌟


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