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La creatividad se entrena: lo que Netflix descubre sobre la improvisación teatral

Foto del escritor: Franco Maestrini
Franco Maestrini
29 oct
5 min de lectura

Hay personas que dicen «yo no soy creativo» con la misma seguridad con la que aseguran que no saben cocinar.

Después les das tres ingredientes, una sartén y un poco de tiempo, y terminan inventando algo. Que se pueda comer ya es otra cuestión.

Con la creatividad pasa algo parecido. Hemos crecido pensando que es un talento reservado para artistas, escritores o personas que tienen ideas extraordinarias mientras se duchan.

Pero ¿y si la creatividad no fuera un don misterioso, sino una capacidad que podemos desarrollar?

Esa es una de las preguntas que plantea el documental de Netflix La mente, en pocas palabras, en su episodio «La creatividad». Y para explorarla recurre a una herramienta que conozco bastante bien: la improvisación teatral.


La creatividad no consiste únicamente en tener ideas. Consiste también en saber qué hacer con las ideas que aparecen.


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¿Qué tiene que ver la improvisación teatral con la creatividad?

En el documental aparecen jóvenes improvisadoras de The Improv Project. A través de sus experiencias descubrimos algo que muchos alumnos reconocen en su primera clase: crear sin tener nada preparado puede dar bastante miedo.

La cabeza empieza a trabajar a toda velocidad.

«¿Qué digo?».

«¿Y si no se me ocurre nada?».

«¿Y si digo una tontería?».

Y mientras estamos ocupados buscando una idea maravillosa, nuestro compañero sigue allí, esperando una respuesta.

La improvisación propone un camino diferente: escuchar lo que está sucediendo y construir a partir de eso.

En una de las escenas que muestra el documental, una sencilla entrevista de trabajo acaba convirtiéndose en una situación disparatada cuando aparece un supuesto automóvil de Google comprado por una fortuna.

Lo interesante no es solamente la ocurrencia. Es cómo una propuesta inesperada puede transformar una situación corriente y empezar a construir un personaje.

Una idea provoca otra. Una respuesta cambia la dirección de la historia.

Y de repente, donde había una entrevista de trabajo, aparece un universo que nadie había imaginado unos segundos antes.


La creatividad no siempre necesita más libertad

Esta es una de las ideas que más me interesan del episodio.

A veces creemos que para ser creativos necesitamos libertad absoluta. Sin límites, sin reglas y sin que nadie nos diga nada.

Pero una hoja completamente en blanco puede ser bastante intimidante.

En improvisación sucede lo mismo.

Si le digo a dos personas «hagan lo que quieran», posiblemente necesiten un tiempo para encontrar por dónde empezar.

Ahora bien, si les digo «son dos hermanos que tienen que decidir qué hacer con el negocio familiar», ya tienen algo con lo que jugar.

Aparecen una relación, una situación y un posible conflicto.

La consigna no elimina la creatividad. Le ofrece un punto de partida.

Esto conecta con el trabajo de Viola Spolin en Improvisación para el teatro. Su propuesta pedagógica utiliza juegos y puntos de concentración para dirigir la atención del intérprete hacia una tarea concreta.

No se trata de pensar en cómo ser original, sino de involucrarse en el juego.

Y ahí ocurre algo curioso: cuando dejamos de perseguir una buena idea, muchas veces empezamos a encontrarla.


El cerebro creativo también necesita escuchar

El documental explica que la creatividad no depende de una única zona del cerebro. Participan distintas redes relacionadas, entre otras funciones, con la generación de asociaciones y con la evaluación de las ideas.

Es decir, necesitamos imaginar posibilidades, pero también reconocer cuáles pueden desarrollarse.

En la improvisación esto sucede constantemente.

Una actriz propone algo. Su compañero escucha, responde y modifica la situación. Ambos descubren lo que están creando mientras lo hacen.

Por eso el conocido «sí, y…» es mucho más que una fórmula para añadir información.

Es una invitación a reconocer la propuesta del otro y construir con ella.

La creatividad deja de ser una competición de ocurrencias y se convierte en un trabajo compartido.

Y aquí aparece algo que siempre me interesa trabajar en clase: no basta con tener muchas ideas. También necesitamos aprender a darles sentido dentro de una historia.


¿La improvisación realmente desarrolla la creatividad?

La investigación también empieza a aportar respuestas.

Un estudio publicado en Journal of Creativity in Mental Health examinó los efectos de seis semanas de entrenamiento en improvisación teatral. Los investigadores observaron mejoras en las medidas de creatividad utilizadas, aunque los resultados no permiten afirmar que la impro mejore todas las capacidades psicológicas.

Es una investigación con una muestra relativamente pequeña, pero sus resultados son interesantes.

Desde mi experiencia como docente, hay algo que observo con frecuencia: muchas personas no llegan a clase porque les falten ideas.

Llegan porque no se atreven a utilizarlas.

Tienen miedo a equivocarse, a quedar en ridículo o a no estar a la altura de lo que imaginan que deberían hacer.

Y cuando empezamos a jugar en un ambiente de confianza, esas mismas personas descubren que pueden proponer, equivocarse, escuchar y seguir creando.

No necesitamos convertirnos en genios. Necesitamos recuperar el permiso para experimentar.


Un ejercicio sencillo para entrenar la creatividad

Te propongo un pequeño juego de improvisación que puedes hacer en pareja.

La propuesta inesperada

  1. Dos personas comienzan una escena cotidiana. Por ejemplo, están esperando un tren.

  2. Una de ellas introduce un detalle inesperado: «Hace veinte años que venimos todos los jueves a esperar este mismo tren».

  3. La otra persona acepta esa información y responde desde la relación que están construyendo.

  4. Durante dos minutos, ambas desarrollan la situación sin intentar forzar los chistes.

Al terminar, pueden preguntarse:

  • ¿Qué apareció gracias a la propuesta del compañero?

  • ¿En qué momento la historia tomó una dirección inesperada?

  • ¿Qué habría pasado si hubiéramos rechazado la primera idea?

Después pueden repetir el ejercicio con otra situación.

La finalidad no es encontrar la ocurrencia más extravagante, sino descubrir cómo una propuesta sencilla puede convertirse en una historia interesante cuando hay escucha, aceptación y compromiso.


Volver a jugar para volver a crear

Hay una imagen que me gusta especialmente de la improvisación: personas adultas jugando con la misma entrega con la que jugaban cuando eran pequeñas.

La diferencia es que ahora conocen las facturas, las hipotecas y el calendario de Google.

Pero, por un rato, vuelven a imaginar que una silla es un barco, una puerta conduce a otro planeta o una despedida en una estación puede cambiar una vida.

Quizás la creatividad no sea algo que perdimos al crecer.

Quizás sea algo que dejamos de practicar.

Y la improvisación teatral nos ofrece una oportunidad maravillosa para recuperarlo.


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