Cómo dar profundidad a una historia. El Zoom como herramienta teatral.


Ricardo tiene 78 años. Todas las mañanas prepara café, coloca dos tazas sobre la mesa y se sienta. Una de las tazas queda intacta. Nadie la toca.
No sabemos qué ha pasado, quién falta ni cuánto tiempo lleva Ricardo repitiendo ese pequeño ritual. Pero algo nos sucede al verlo.
Ahora imaginemos que el personaje hubiera entrado diciendo: «Estoy muy solo y quiero hablarles de la soledad». Probablemente sentiríamos bastante menos. Y quizás empezaríamos a buscar una excusa para no empatizar con él.
"Un gesto, una actitud, una dinámica de movimiento dice más que mil palabras."
Ahí aparece una herramienta que me gusta trabajar en mis clases: el Zoom en improvisación teatral, una manera de cambiar la escala de una historia para encontrar profundidad donde aparentemente sólo había una situación cotidiana.
¿A que le llamo Zoom en improvisación teatral?
El Zoom es una herramienta pedagógica que utilizo, funciona como una cámara imaginaria. Nos permite acercarnos o alejarnos de lo que está sucediendo, pasando de una situación general a un acontecimiento particular, o realizando el camino inverso.
Podemos comenzar mostrando una ciudad, acercarnos a un edificio, entrar en un apartamento y descubrir a Ricardo preparando sus dos tazas de café.
También podemos empezar por las tazas y alejarnos hasta descubrir la vida de Ricardo, su familia, sus vecinos y el mundo que lo rodea.
A esto podemos llamarlo cambio de escala narrativa.
Y lo interesante es que no necesitamos un narrador que explique los cambios. Podemos construirlos mediante escenas actuadas. A esta aplicación me gusta llamarla Zoom escénico.
El Zoom escénico: tres escenas, una misma historia
Imaginemos que queremos explorar la SOLEDAD, pero sin que ningún personaje pronuncie esa palabra.
Primera escena. Plano general.
Estamos en un edificio. Por la mañana, los vecinos salen apresurados hacia sus trabajos. Se cruzan en el ascensor, miran sus teléfonos, intercambian algún saludo automático. Cada uno parece vivir dentro de su propio mundo.
Segunda escena. Nos acercamos.
Entramos en uno de los apartamentos. Ricardo recibe la visita de su hija, que apenas tiene tiempo para quedarse. Él insiste en comer juntos. Ella le explica que tiene prisa.
—No te preocupes —responde Ricardo—. Te congelo tus ravioles ya encontraremos el momento.
La hija se marcha. Ricardo se queda con la comida preparada.
Tercera escena. Primer plano.
Amanece. Ricardo prepara café y coloca dos tazas sobre la mesa. Mira la silla vacía. Después mira el teléfono.
Por primera vez, decide llamar a su hija.
—¿Tienes un ratito para hablar?
Hemos pasado de un edificio lleno de personas a un gesto íntimo. Las tres escenas son distintas, pero están conectadas por algo que nunca necesitamos explicar.
La historia habla de soledad, de los vínculos y de la dificultad de pedir compañía. El tema está presente aunque los personajes estén ocupados haciendo otras cosas.
Viola Spolin: el foco está en lo que hacemos
Viola Spolin, en Improvisación para el teatro, desarrolla una idea fundamental: el punto de concentración, aquello sobre lo que los actores ponen su atención durante el juego.
También concede una enorme importancia a la acción física, a experimentar en lugar de limitarse a explicar.
Esta mirada es muy valiosa para trabajar el Zoom.
Si Ricardo está preparando café, tenemos una acción que podemos observar y desarrollar. ¿Cómo toma la segunda taza? ¿La llena automáticamente? ¿Duda antes de colocarla? ¿Qué cambia cuando mira la silla vacía?
No hace falta añadir veinte frases para darle importancia a ese momento.
A veces, un gesto pequeño tiene más información que un personaje hablando durante tres minutos. Y eso que los improvisadores, cuando nos ponemos nerviosos, podemos hablar sin parar.
Robert McKee: una historia necesita algo más que acontecimientos
En El guion, Robert McKee desarrolla el concepto de idea controladora, relacionado con el significado profundo que una historia construye a través de sus acciones y transformaciones.
Una cosa es decir que nuestra historia trata sobre la soledad. Otra muy diferente es mostrar a un hombre que, después de años esperando que alguien lo llame, encuentra el valor para hacer él la llamada.
Ahí aparece algo más que un tema. Aparece una mirada sobre ese tema.
Esto es especialmente interesante en improvisación: no se trata de decidir una moraleja antes de comenzar ni de obligar a los personajes a demostrar una idea.
Se trata de escuchar lo que va apareciendo, reconocer qué conflictos y emociones comparten las escenas y permitir que las decisiones de los personajes revelen un significado.
El Zoom nos ayuda a observar esas conexiones.
Un ejercicio para entrenar el Zoom en clase
Podemos probarlo con tres o cuatro improvisadores y tres escenas breves.
Elegimos un tema amplio, como la espera, la pertenencia, los cambios o el miedo a perder algo.
Primera escena: mostramos el mundo general donde ese tema puede estar presente.
Segunda escena: nos acercamos a una relación o a un personaje concreto.
Tercera escena: buscamos un gesto, una decisión o un detalle que concentre algo importante de la historia.
La consigna es : el tema debe atravesar las escenas, pero los personajes no necesitan nombrarlo.
Después podemos probar el recorrido inverso: comenzar con un pequeño acontecimiento y ampliar progresivamente su alcance.
También podemos utilizar un narrador que nos ayude a dirigir la mirada, cambiar de lugar o presentar nuevas perspectivas. Es otra forma de jugar, especialmente útil cuando queremos explorar las posibilidades poéticas de la narración.
Al terminar, podemos preguntarnos:
¿En qué momento sentimos que las escenas estaban conectadas?
¿Qué detalle nos permitió comprender mejor al personaje?
¿Qué cambió en la historia?
¿De qué estábamos hablando realmente?
La profundidad no siempre necesita una gran historia
En las historias largas de improvisación, solemos preocuparnos por la estructura, los cambios de escena, los conflictos y los giros argumentales. Todo eso importa.
Pero hay otra pregunta que me parece igual de interesante: ¿qué estamos contando detrás de lo que sucede?
Un personaje puede perder un tren y estar hablando del miedo a marcharse. Una pareja puede discutir por una planta y estar hablando de la necesidad de sentirse escuchada. Dos hermanos pueden repartirse los muebles de una casa y estar intentando despedirse de su infancia.
La herramienta a la que llamo Zoom nos permite encontrar esas capas, acercarnos a lo que merece nuestra atención y alejarnos cuando necesitamos comprender el conjunto.
Y a veces, para descubrirlo, solo necesitamos mirar un poquito más de cerca o alejarnos lo suficiente.
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